ES EN

HISTORIA DEL VEHÍCULO ELÉCTRICO

Historia del coche eléctrico: cómo empezó y por qué vuelve con fuerza

La historia del coche eléctrico comenzó mucho antes de lo que imaginamos. Repasamos su origen, evolución y las claves que explican su regreso en la movilidad actual.

¿Cuándo se creó el primer coche eléctrico?

El primer coche eléctrico apareció a finales del siglo XIX, antes incluso de que los motores de combustión se popularizaran. En sus inicios, el vehículo eléctrico fue una alternativa real para el transporte urbano gracias a su funcionamiento silencioso, limpio y sencillo, en una época en la que los coches de vapor y gasolina eran ruidosos y poco fiables.

Coche eléctrico construido por Thomas Parker (1895).

Los primeros coches eléctricos y su auge inicial

A finales del siglo XIX y principios del XX, los coches eléctricos gozaron de una notable aceptación, especialmente en entornos urbanos. Eran fáciles de conducir, no requerían cambios de marcha complejos y no generaban emisiones directas ni olores, lo que los hacía ideales para la ciudad.

En ese momento, la infraestructura eléctrica urbana empezaba a desarrollarse, lo que favoreció su adopción entre determinados perfiles de usuarios y flotas profesionales.

Por qué el coche eléctrico desapareció durante décadas

A pesar de su prometedor inicio, el coche eléctrico perdió protagonismo a partir de la década de 1920. La introducción de la producción en masa del automóvil de combustión, impulsada por fabricantes como Ford, permitió reducir drásticamente los costes de fabricación. Esto hizo que los vehículos de gasolina fueran mucho más accesibles para la población, frente a unos coches eléctricos todavía más caros y limitados tecnológicamente. A este contexto se sumaron el abaratamiento del petróleo y el aumento de la autonomía de los motores térmicos, que terminaron desplazando al coche eléctrico del mercado.

Además, las limitaciones de las baterías y la falta de una infraestructura de recarga estandarizada dificultaron su expansión a gran escala. La movilidad eléctrica dependía de soluciones aisladas y poco conectadas entre sí, lo que frenó su adopción durante décadas.

Línea de montaje de Ford T en 1913.

El regreso del coche eléctrico en el siglo XXI

Décadas después, el coche eléctrico ha regresado con fuerza impulsado por varios factores clave: el avance tecnológico de las baterías, la necesidad de reducir emisiones, el desarrollo de nuevas normativas europeas y una mayor concienciación medioambiental.

Hoy, el vehículo eléctrico ya no es una alternativa marginal, sino una pieza central de la movilidad del futuro, con una red de carga pública en constante crecimiento en toda Europa.

Qué nos enseña la historia del coche eléctrico

La historia del coche eléctrico también ayuda a desmontar muchos de los mitos que aún persisten sobre esta tecnología, como la idea de que es una solución reciente o poco fiable. Para que una solución de movilidad se consolide, necesita un ecosistema completo que incluya infraestructura accesible, facilidad de uso y una experiencia sin fricciones para el usuario.

El pasado dejó claro que la falta de conexión entre sistemas y la complejidad en el acceso pueden frenar la adopción, incluso cuando la tecnología está lista.

Interoperabilidad: la lección clave para la movilidad eléctrica actual

Hoy, uno de los grandes aprendizajes de esa historia es la importancia de la interoperabilidad. Poder utilizar distintos puntos de carga con un único acceso, independientemente del operador o del país, elimina barreras y facilita los desplazamientos, especialmente en viajes largos por Europa.

La interoperabilidad permite que la infraestructura de recarga funcione como una red conectada, resolviendo uno de los principales retos históricos del coche eléctrico: la fragmentación del sistema.

Mirando al futuro de la movilidad eléctrica

El futuro del coche eléctrico no depende solo de vehículos más avanzados, sino de una experiencia de carga sencilla, accesible y coherente para el usuario. Entender cómo empezó todo ayuda a comprender por qué hoy conceptos como infraestructura, estandarización e interoperabilidad son esenciales para una movilidad eléctrica realmente eficiente.